Resultados admisión 2023
Descargar aquí los resultados de admisión 2023 del Doctorado en Comunicación UFRO-UACh
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En este trabajo Alberto Mayol se aventura por comprender el presente mundial o la crisis del presente. Las últimas décadas se han llenado de diagnósticos sobre el tipo de momento que vivimos: la sociedad líquida (Bauman), el fin de la historia (Fukuyama), la sociedad de la transparencia y el cansancio (Han), el malestar en la globalización (Stiglitz), son algunos de los tópicos que se han tornado dominantes en la discusión. El camino y el resultado de Mayol es diferente. Su análisis se sustenta en datos que van desde las protestas mundiales hasta la novela de los siglos XIX y XX. Mayol ofrece una lectura según la cual el malestar puede no residir directamente en sus zonas de manifestación (en los derechos sociales; en el autoritarismo; en la globalización; en el proceso de subjetivación; en el sistema financiero). Pero, ¿qué pasa si todo ello ha sido sobrepasado y el malestar habita en el proceso civilizatorio en su totalidad? Mayol está convencido: la profundad de la crisis actual radica en el ingreso de Occidente (como civilización) a su abismo existencial. A ese instante donde duda de sus propias convicciones y deja de tener claro qué es lo que defiende. Un itinerario escalofriante que recorre desde Max Weber a Dostoievski, desde el Génesis hasta El Bosco, desde Marx a Dugin, desde Fukuyama a Wallerstein. El abismo existencial de Occidente ahonda y reflexiona sobre nuestro presente, y arriba a una conclusión inquietante que se despliega e ilumina con la habitual prosa del intelectual chileno.

Si admitimos que el neoliberalismo comunicacional es una “disciplina medial” para los estados postnacionales, es porque estamos en presencia de un conjunto de formaciones textuales y tecnologías domiciliadas en un sistema de medios, grupos controladores, circulación de élites y vectores de poder.
Tras el “imperio de las imágenes”, abundan liderazgos ideológicos, violencias simbólicas, subjetividades beligerantes, construcciones visuales de la gobernabilidad y “corporativismos mediáticos”, que conviven con el aceleracionismo multimedial. En suma, los dominios técnicos del presente vienen a exacerbar la arquitectura descontrolada de la desinformación, que amenaza con constituirse en un “capitalismo del despojo”. Los nuevos territorios visuales pasan por enjambres y tecnologías (“virus visuales”) y ello es parte de una condición de época que no se puede moralizar de bruces, ni menos agotar la discusión a nombre del “simulacro” (“falsa conciencia”, “esencias versus apariencias”). Aquí adquieren máxima relevancia los nuevos dispositivos de producción de audiencias, donde las tecnologías de turno simulan una vigilancia vacía y sin “reparto de lo político”. Tal estado de fragmentación, ha transfigurado el estatuto de lo real mediante “fake news”, “memes” y TikTok. Si bien no es posible sostener sin más que, a todo evento, el “fake” sea rotulado de mero “engaño de masas”, ruina argumental, o “alienación”, no es menos cierto que opera como un dispositivo que reubica el lugar y la circulación del capital en la vida cotidiana.
Es importante consignar que las noticias falsas (fake news) contienen códigos de verdad y falsedad, por lo cual es más adecuado nombrarlas desde una dicotomía algo policial, pero política y metodológicamente eficiente, a saber, noticias-mentiras. En suma, aquí es donde las fronteras de sentido entre una comunicación con ethos público (“reparto de lo común”) y otra orientada al “sesgo”, mantienen fronteras inestables, difusas y están siempre bajo el asedio de una “contaminación del sentido”. Si el fárrago de sucesos se consuma en una “mentira guionizada”, ello devela la dispersión del contenido gestionado por el oligopolio mediático. Esto último hunde sus raíces en una “modernización acelerada” al decir del mainstream. Una boutique de liberalización y accesos, que redunda en una interpretación que emplaza fenómenos esquilmantes que inoculan al sentido común, y administra la simbolicidad ciudadana mediante un “consumismo masificado”.
Pero vamos a nuestros hitos más parroquiales, anecdóticos, pero sintomales del momento actual. En el campo de los juicios empíricos, ¿viajó la ministra Camila Vallejo a una reunión sobre fake news? Sí, viajó (verdad). ¿Lo hizo en clase ejecutiva? No (falsedad). Como lo anterior circuló en los medios de comunicación y las redes virtuales, su carácter público y masivo –que son condiciones de las noticias– es evidente. Ahora bien, ¿puedo privar a alguien de la libertad de interpretar los hechos y expresarlos públicamente? No. ¿Podría ser este el objetivo de cualquier proyecto transformador en el sistema de medios? No, porque el problema no se agota allí.
El Área Transdepartamental de Crítica de Artes Oscar Traversa (Universidad Nacional de las Artes) y la Asociación Argentina de Semiótica convocan al XI Congreso Argentino de Semiótica Intervenciones semióticas. Focalizar – Transformar – Expandir a realizarse entre el 14 y el 19 de agosto de 2023, y que tendrá como sede principal a Crítica de Artes (UNA), en Buenos Aires. Podrán participar docentes, investigadores/as, tesistas, estudiantes y público en general. El congreso se realizará en modalidad presencial para la mayor parte de las actividades, pero se reservará espacio para algunas actividades a distancia. No se prevén actividades híbridas, es decir, que combinen lo presencial con lo virtual. Más detalles del congreso aquí
El cúmulo de “plataformas tecnológicas” en comunicación resulta un inédito proceso que en el caso chileno se abrió por la vía de medios, no necesariamente hegemónicos, desde inicio de los años 2000’. Como bien sabemos, la relación entre estos últimos, abraza una nueva economía cultural basada en interacciones, flujos y sociabilidades de red que, quizá, abren una inédita fase de la biopolítica (geo-física y geo-biológica) y la necesidad de una nueva “epistemología de la comunicación” (medialidades del Tecnoceno y nuevo estatuto ontológico).
En el marco de la “gubernamentalidad alogarítmica”, la digitalización captura “nodos” de forma intangible, pero evitando el idealismo de las “tecnologías limpias” e inmateriales de California, -al estilo del modelo Silicon Valley- sustraídas a las infraestructuras y arqueologías materiales de los medios (“Maquinología” en el lenguaje de Friedrich Kittler). Cabe asumir que el individuo fragmentado (usuario en la cuestión del “transhumanismo digital”) se torna un nodo, con múltiples interacciones en escenarios difusos, líquidos, producto de la hibridación temporo-espacial en redes físico-virtuales; donde los alias/apodos (nicks) quedan superados por el teléfono móvil y la identidad virtual se vuelve más real y ubicua. Dada la construcción de la identidad digital, la persona (“usuario”) participa de una dinámica entre centrarse-descentrarse al conjugar su identidad individual personal con la identidad colectiva.
Bajo la relación tecnología–medios, el cambio aluvional se presenta en el mapa medial chileno ampliando las posibilidades comunicativas, y para algunos la democratización -revolución de Internet- ha consagrado una ascendente economía digital. Pero a la sazón se produce una fragmentación y segmentación de los contenidos de cada plataforma: la universalización de los ecosistemas digitales mantiene una connivencia con flujos de fragmentación social (“distopía alogarítmica”). Dado el carácter progresivo, de tales cambios vertiginosos impulsados por la revolución digital, resulta un lugar común encontrar audiencias fascinadas y perplejas. La relevancia de la digitalización, no sólo reside en un contexto de reorganización integral de contenidos y audiencias, sino en las formas de trabajo y de los nexos entre tecnología y subjetividad. El ritmo evolutivo en el paradigma de la comunicación con sus medios y campos, es un proceso irrevocable que otorga a las tecnologías un papel transformador, quizás una de las innovaciones más gravitacionales, permitiendo la multiplicación de las posibilidades comunicativas con flujos de datos hasta ahora inimaginables, agudizados por el fenómeno del “capitalismo de plataformas” (COVID-19). La autopista de la información podrá estar hiperpoblada hoy, pero eso no es nada en comparación con lo que veremos en la proyectualidad del “proyecto cibernético”. Tal irrupción del proceso digital en la sociedad y sus estadios, viene a señalar innegablemente, nuevas prácticas multimediales como una condición de época bajo los enjambres digitales. Los cometidos del presente estudio de la Universidad Central de Chile (mayo, 2022) resultan insumos de innegable interés que aportan mediciones, mutaciones y tendencias sobre confianza (WhatsApp, Facebook, YouTube, Twitter) y consumos por cohortes, dado el “aceleracionismo” de los cambios generacionales.
El estudio mencionado aporta contenidos situados sobre democracia y comunicación política, información, hiperconectividad, focalización de internet, y audiencias en el marco de la transformación del entorno mediático en Chile sobre el consumo de información política. Un tópico fundamental son las evoluciones sobre confianza en las redes sociales que ubica la avalancha digital consignando que bajo el estallido social en Chile (2019), el 80% de los encuestados usó a diario las redes sociales como método de información, con una evaluación más positiva que los medios tradicionales. El documento analiza evoluciones sobre confianza en las redes sociales y las relaciona con la ampliación de la teoría democrática -cuestión que es parte de un debate en desarrollo-. En la misma línea se encuentran los hallazgos entre la población joven de la Encuesta de Opinión Pública UDP-Feedback (2019), cuyo uso y confianza en redes sociales es muy superior al de los medios tradicionales. Sin duda “esta tarea, concluyen sus autores, requiere un mayor compromiso por parte de los usuarios, porque si bien la diversidad de voces es un elemento positivo ante el escenario actual, es un arma de doble filo debido a la escasa capacidad de control, la cual puede conducir también a la desinformación. Ante dificultad que implica escoger información confiable en cada red social, los usuarios probablemente también desarrollan habilidades y estrategias para mejor”
Por fin, si bien la Televisión, según la evidencia que arroja el estudio, ya no es la mezquita del “people meter”, como medio de comunicación, se entregan insumos donde no ha sido desplazada del todo por las nuevas plataformas mediales, cuestión concordante con el estudio del CNTV (2022) sobre consumo de matinales.
* Observatorio Política y Redes Sociales, Universidad Central de Chile (2022). Los autores del Documento son Carolina Cornejo y Felipe González. El trabajo adjunto se preparó en el marco del proyecto de colaboración “Max Planck Research Partner Group for the Study of Theo Ecónomo and he Pública”.

La Escuela de Comunicaciones y Periodismo de la U. Adolfo Ibáñez, en conjunto con la directiva de INCOM y la Asociación Chilena de Investigación en Comunicación, llevaron a cabo la octava versión del Congreso INCOM 2022, oportunidad en la que bajo la consigna “Habitando lo emergente en la comunicación”, estudiantes de postgrado participaron con ponencias, paneles, posters, libros, documentos de trabajo, documentales y revistas académicas.
En este marco, el VIII Congreso INCOM se instala como una invitación a presentar hallazgos, reflexionar y formar un diálogo académico en torno al fenómeno de “habitar” en este mundo de fenómenos e incertidumbre desde los aportes y hallazgos de la comunicación.
En ese contexto, el programa de Doctorado en Comunicación conjunto de la Universidad Austral de Chile y U. de La Frontera participó con una delegación de estudiantes que presentaron parte de sus investigaciones doctorales. El Director del programa de Doctorado en Comunicación UFRO-UACh, Dr. Rodrigo Browne, destacó la importancia de socializar los procesos de indagación científica en instancias como esta.
«La participación de la delegación de nuestro doctorado en el congreso de INCOM fue una experiencia muy interesante ya que nuestros estudiantes pudieron compartir y discutir sus proyectos de tesis con pares del área de las comunicaciones de todo el país», indicó.
Por su parte, Mg. Rosmery-Ann Boegeholz, de tercer año del programa y tesista doctoral de la U. de Groninga, Países Bajos, explicó que participó en la categoría “Investigación en curso”, con su proyecto de tesis “‘El Síndrome del Espejo’: La reacción de jóvenes estudiantes universitarias ante la actividad de las influencers de belleza en Instagram”.
“El principal aporte de esta investigación es poner en discusión una temática contingente y necesaria para crear conciencia entre las estudiantes para así aportar a mejorar de alguna forma la salud mental en nuestro país. Este proyecto está siendo supervisado por el Dr. Rodrigo Browne (UACh), el Dr. Carlos del Valle (UFRO) y el Dr. Pablo Valdivia (UG). Para mí, la importancia de participar en este tipo de eventos, de tanto renombre, contribuye en mi formación y en la consolidación de mi trayectoria académica, ya que hay que pasar por un estricto proceso de selección y, también, contribuye en la difusión de mi línea investigativa, así como de las publicaciones relacionadas con el tema que llevo hasta el momento”, señaló.
Por su parte, Martha Vidal-Sepúlveda, quien presentó la ponencia “Posicionamiento de los medios de comunicación como fuente de información en búsquedas en internet”, expresó: “Tal como proponía el comité científico INCOM 2022, es necesario habitar lo emergente en la comunicación. Por lo que como doctoranda este encuentro fue una oportunidad de reconocer y dialogar con la comunidad científica los desafíos actuales y futuros de la investigación en comunicación. Asimismo, este espacio de reflexión me permitió instalar y discutir parte de los resultados de mi investigación doctoral. Sin duda, es una instancia de integración de investigadores jóvenes con propuestas de investigación innovadoras, lo que aporta a la colaboración y asociatividad a nivel nacional para mejorar el cuerpo de conocimiento en comunicación”.
Jussi Parikka (Finlandia, 1976), es profesor de Cultura Tecnológica y Estética en la Facultad de Arte de Winchester. El autor inscribe sus preocupaciones bajo el centro gravitacional de los procesos de virtualización impuestos por la pandemia (COVID-19) sobre una heterogeneidad de “cuerpos empleados” donde nos permite descifrar la crisis que protege y lanza los cuerpos al contagio de las materialidades digitales (Restos, residuos, desechos, sedimentos). Según el autor finés muchos ciudadanos están en riesgo en trabajos de delivery mediados por plataformas, otros cuyas vidas están sanitizadas en la seguridad de su hogar. De allí despliega la noción de antropobsceno, a saber, un cambio semántico por la noción de Antropoceno para proponer una observación ética y una ecología política respecto a los desechos de la materialidad medioambiental.
Para el autor finés la idealización de las tecnologías de la información y las tecnologías digitales como un “falso inmaterial” -soportes inalámbricos sin materialidad de combustibles- tienen una larga historia desde la cibernética hasta la ideología (“marketing utópico) de Silicon Valley que oculta su “materialidad intangible” (infraestructuras). No fue solo una racionalidad emprendedora, aludiendo a Bill Gates, sino también la cibercultura de Estados Unidos contribuyendo a un idealismo erróneo (ligereza de las tecnologías limpias). A modo de ejemplo, la revista Mondo 2000 y otras presionaban con esta peculiar “rama de idealismo”, que en sí misma tenía raíces en la contracultura. El autor cita la “Declaración de Independencia del Ciberespacio” (1996 de John Perry Barlow), apoyada y firmada en Davos, Suiza, bajo la sátira ¿y donde también se encuentra anualmente el foro Económico Mundial? en tanto “nuevo hogar de la mente”. El Ciberespacio consiste en transacciones, relaciones y pensamiento mismo, formado como una estable ola en la telaraña de nuestras comunicaciones. Nuestro mundo, sostiene el investigador de arqueología de los medios, está al mismo tiempo en todas y en ninguna parte, pero no está donde viven los cuerpos. Entonces, después de una larga producción discursiva de esta clase de retórica, Silicon Valley ausculta una “materialidad sucia” que centra su trabajo en una relación donde el “extractivismo” de recursos minerales deviene una nueva “geopolítica” (Amazon, Google, Microsoft).
Al sustituir “antropoceno” por “antropobsceno”, Parikka intenta aplicar una observación ética al presente develando la contaminación medio-ambiental. Se trata de una ética, en el sentido spinoziano y posthumanista. Una gran cantidad de investigadores y escritores han apuntado, para reconocer el impacto del colonialismo y las industrias extractivistas. Una multitud de prácticas de explotación que son también el trasfondo de nuestra frecuentemente llamada “cultura digital”. De tal suerte, una propuesta post-capitalista tiene que construirse -concluye Parikka- en la agenda interseccional entre clase, género y etnicidades, para evitar la reproducción del capitalismo racial que comprende nuestra forma contemporánea de sofocación planetaria -geopolítica de los desechos- y corrosión de las ecologías medio-ambientales.
Extracto-antropobsceno.pdf (edicionesmimesis.cl)