Ciclo de Talleres Alumni de Autoconocimiento y Competencias Interpersonales para el Mundo Laboral
Posted on | by cmartinez
Desde Conocimientos 2030: Horizontes HACS UACh, y considerando las características del proyecto, invitamos a estudiantes de programas de postgrado HACS de la Facultad de Filosofía y Humanidades, Facultad de Arquitectura y Artes o Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales a postular a los dos fondos de apoyo orientados a fortalecer la formación, la investigación y la proyección internacional del postgrado en la Universidad Austral de Chile.
✈️ Fondo de apoyo para asistencia a congresos. Impulsa la difusión de resultados de tesis e investigaciones en congresos, seminarios y encuentros académicos, tanto en Chile como en el extranjero.
🌎 Fondo de apoyo para estadías y pasantías en el extranjero. Orienta a fortalecer la formación avanzada, la internacionalización y la creación de redes académicas mediante estadías de investigación o pasantías en instituciones internacionales.
🔎 Este fondo tendrá carácter preferente para estudiantes de doctorados HACS.
📌 Revisa las bases y anexos en: https://conocimientos2030uach.cl/home/fondos-estudiantes-postgrado-hacs/
Asimismo, les invitamos a mantenerse al día sobre nuestras próximas actividades, abiertas a toda la Comunidad UACh, a través de nuestro perfil de Instagram @co2030.uach

El Director del Doctorado Carlos del valle y el profesor del programa Iván Inostroza se reunieron con el nuevo Encargado nacional del Programa de Acción Territorial (PAT), Luis Miguel Quilaqueo, junto a la Encargada regional del PAT, Kinturay Melin, y al profesional del Programa Pablo Porras, uno de los precursores de esta iniciativa.
Durante la reunión se analizó cada una de las actividades realizadas en el marco del convenio interinstitucional existente.
En el ámbito formativo, se valoró el Curso y posterior Diplomado dirigido a más de 20 profesionales del PAT, a nivel nacional y regional.
En el caso de las asesorías, se destacó el apoyo metodológico llevado a cabo para el levantamiento de los de los Planes de Desarrollo Territorial de las principales comunidades indígenas de comunas de la Región de La Araucanía. Posteriormente, fueron analizados 71 Planes, pertenecientes a 26 comunas de la región de La Araucanía, de las Provincias de Cautín y Malleco. Este trabajo está en la última fase, que incluye entrevistas individuales para complementar los hallazgos realizados en los primeros análisis.
Finalmente, en el caso de la investigación, actualmente está en la fase final la segunda etapa del proyecto: “El reconocimiento de las culturas indígenas en el contexto de la mediatización de la sociedad: Una investigación-acción”, financiado por la Universidad de La Frontera y la Universidad Estadual Paulista de Brasil. La primera fase consistió en una revisión sistemática de las publicaciones, nacionales e internacionales, que abordan la temática, especialmente a partir de experiencias latinoamericanas. La segunda fase, aún en desarrollo, corresponde a una encuesta sobre consumo y uso de medios en 15 comunidades del sector Truf Truf. La última fase considera la realización de talleres para la producción autónoma de contenidos para diferentes medios y redes sociales.
En la reunión, tanto el coordinador nacional del PAT como el director del doctorado, renovaron su compromiso para avanzar y profundizar las actividades conjuntas.

El profesor titular de la Universidad de La Frontera, y gestor del mayor doctorado en comunicación que funciona en la educación superior del país, critica la ausencia de articulación y de conclusiones en común, que tuvieron los dos comités creados por el gobierno del Presidente Gabriel Boric, con el fin de abordar el problema mediático de las «fake news».
Mientras se encuentra en Santiago, aprovechamos la ocasión de reunirnos con el profesor Carlos Del Valle Rojas (1975), doctor en comunicación por la Universidad de Sevilla (España), y director y fundador del prestigioso doctorado en comunicación que imparte la estatal Universidad de La Frontera (UFRO). Un postgrado que cuenta con la más alta acreditación para un programa de la citada especialidad en el sistema formativo chileno: una certificación de cinco años, otorgada por la siempre exigente CNA (Comisión Nacional de Acreditación).
Así, y desde la ciudad de Temuco, capital de la Región de la Araucanía, el doctorado en comunicación —un referente en la promoción de los estudios culturales en el cono suramericano— ha establecido convenios de doble graduación con universidades que se encuentran en diversos rankings de medición de calidad académica, ubicadas entre las 100 mejores del mundo, tales como La Sapienza Università di Roma (Italia), la Université Paris 8 (Francia) y desde hace unas semanas, con la Universidad Autónoma de Barcelona (España).
Esta última asociación institucional (con uno de los principales departamentos de periodismo del mundo hispánico) responde a la necesidad que el profesor del Valle ha manifestado por hacer crecer los intereses de investigación del programa, en dirección hacia la comunicación y la industrias de medios.
De esa forma, la creación de esta nueva línea de profundización del doctorado, persigue transformarse en un laboratorio doctoral cuya producción académica tenga una decidida influencia en las políticas públicas y legislativas que regulan el funcionamiento del ecosistema de medios, tanto a nivel nacional como hispanoamericano.
Aquella preocupación surgió en el profesor del Valle desde que fuera uno de los principales referentes del primera comisión asesora contra la desinformación organizada por el Ministerio Secretaría General de Gobierno, durante la administración del Presidente Gabriel Boric (2022 – 2026).
Ese comité elaboró en enero de 2023 el informe Más amplitud, más voces, más democracia, producto de un convenio directo entre la Segegob y las universidades de Chile, La Serena, y de La Frontera, cuyas conclusiones proponen mejorar la libertad de expresión en el país, mediante un ecosistema de medios con mayor diversidad y pluralismo.
«Lamentablemente —observa el académico— nunca existió una articulación, una intención de contacto con el trabajo de la primera comisión».
Después, «la segunda comisión emerge como una respuesta, bastante ingenua, a las presiones políticas de distintos actores. De hecho, estas críticas se plantearon al día siguiente de hacerse público el trabajo de la primera», agrega el profesor titular de la Universidad de La Frontera
Ya en esa instancia, Carlos del Valle planteó la necesidad de convocar a los principales actores de la industria de medios local, en la discusión que se formulaba en ese entonces, en torno al fenómeno de la desinformación, y abogó porque fueran invitados a ese panel de reflexión los directores de los diarios El Mercurio, La Tercera y el presidente de la Asociación Nacional de la Prensa.
Hoy, el profesor del Valle vuelve a reiterar la invitación a la industria de medios nacional, pero desde su connotado lugar en la academia universitaria (a través de un programa donde el 51 % de sus doctorantes son becarios ANID —Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo de Chile—), y consciente de que las nuevas plataformas mediales han creado escenarios informativos, políticos y sociales, los cuales deben ser diagnosticados desde la comunicación entendida como un campo (en este caso concreto, por los estudios del periodismo (journalism studies), la politología y también por el derecho).
Asimismo, el profesor Del Valle es un destacado autor bibliográfico en el área de las ciencias sociales, y su último texto publicado es el Enemigo como espectro. Cuerpos y territorios en disputa (Editorial de la Universidad de La Plata, 2025).
Impulsados por este nuevo libro, es que se inicia el diálogo.
— ¿De qué forma se construye la figura simbólica de un «enemigo» a través de los medios de comunicación social?
— Está construcción responde a dos procesos que se complementan pero que operan de modo distinto. Por un lado, se trata de una matriz social más amplia, en el sentido que la sociedad ‘requiere’ un repertorio de enemigos para explicar sus miedos y amenazas.
Los enemigos constituyen la respuesta más expedita para las crisis, los conflictos, las emergencias. De esta forma, el enemigo no es solo una condición social, sino también jurídica. Así las cosas, es una construcción mítica más global.
Por otro lado, el enemigo es una construcción propiamente mediática, en el sentido que forma parte de rutinas de producción, según las cuales frente a situaciones conflictivas (¿hay algo ajeno al conflicto en el orden de los medios?), se requiere identificar responsables.
Esta identificación promueve el despliegue de un repertorio de enemigos que resulta muy eficiente, por su expedición y porque permite además ‘llamar al orden’ (intervención policial, represión, leyes de excepción, etcétera).
Aquí lo que observamos son acciones ritualizadas que se combinan con lo anterior, instalando enemigos que responden a las expectativas mediáticas y sociales.
— ¿La digitalización de las plataformas comunicaciones, ayuda a la creación espectral de un enemigo ya sea político, económico o cultural, que acecha a las audiencias?
— Los diferentes modos de digitalización de las plataformas, especialmente los expresados en un régimen algorítmico y en una dinámica de bots, sin duda llevan a la enemización a una escala sin precedentes.
Por un lado las reproducen ad infinitum y por otra parte actualizan de manera drómica el repertorio de enemigos, que devienen espectros.
Por ejemplo, las intervenciones explosivas en las redes sociales constituyen un continuum de enemización radical, donde se expone al enemigo a un maltrato y una odiosidad pocas veces vista en épocas precedentes.
— En ese sentido, ¿las narraciones periodísticas acerca de un determinado acontecimiento de interés público, responden a un ejercicio de poder cultural y político que se centran en el delineamiento de un «enemigo» como tal?
— Los modos y estrategias de narración en el periodismo obedecen cada vez más a una racionalidad simplista que se satisface con un par de cuñas en contrapunto y la identificación de responsables.
En esta última búsqueda se despliega el repertorio de enemigos del orden social, de la seguridad, de la producción económica y de una supuesta identidad nacional llena de lugares comunes como patria y pueblo.
Con todo, el relato periodístico padece la crisis de sí mismo. La crisis de la ‘verdad’ en el periodismo —expresada en la desinformación, las fake news y la posverdad— no es sino la crisis del relato. En este escenario, recurrir a los enemigos es una solución cómoda para mantener los relatos que logran rédito.
— Bajo aquel análisis de materialidades conceptuales que propone, ¿de qué forma diagnosticarías la labor de los mass media chilenos en relación a la noción de crisis que se desarrolla a través de noticias relativas a temas como la migración y el crimen organizado, en tanto un fenómeno geopolítico?
— La actual estructura de medios en Chile, con un régimen hegemónico de la propiedad y los contenidos, permiten operaciones de enemización sin mayor resistencia. Situar a los inmigrantes e indígenas del lado del enemigo para explicar los conflictos resulta muy sencillo en un ecosistema como este.
— En cuanto al análisis de la historicidad que efectúas en tu libro, ¿qué responsabilidad le cabe a la industria de medios sudamericana en la formulación de una imagen del enemigo interno y sus consecuencias culturales, durante el último tercio de nuestro agitado siglo XX?
— La industria de medios ha jugado un rol histórico, institucionalizado y constante de enemización en América Latina. Desde luego que la configuración de enemigos internos o íntimos ha sido posible por la resonancia que ofrecen los medios.
En este sentido, ha sido relevante la identificación de los enemigos de la democracia, del orden público y del desarrollo, para quienes además de los relatos mediáticos de enemización opera un derecho penal singular, que se manifiesta en las leyes de excepción y de emergencia.
Declarar estados de excepción y de emergencia, de hecho, es una forma de criminalización y judicialización generalizada hacia ciertos grupos.
— ¿Cuál es el rol de las temporalidades propias del periodismo en sus diversos formatos, en esa expansión de los ciclos de violencia que por paradójico que parezca silencian y omiten la memoria de a quienes se catalogan como enemigos, en esa retórica de la dualidad?
— El presentismo, en tanto régimen de temporalidad inmediata, es uno de los principales obstáculos para superar la enemización.
Primero, porque obliga a recurrir a respuestas recurrentes y simplificadas. Este reduccionismo, por cierto, alimenta las prácticas de invisibilización, olvido y exclusión, a la vez que impide el fortalecimiento de la memoria.
— ¿En qué tópicos investigativos te encuentras inmerso en la actualidad? ¿Nos puedes adelantar resultados monográficos al respecto?
— Actualmente estoy trabajando sobre las implicancias de los procesos de enemización en las políticas públicas en Chile; en particular las políticas interculturales que se vienen desplegando hace unos 30 años y que actualmente viven una profunda crisis de legitimidad y confianza.
— ¿Cuáles son los desafíos académicos e institucionales que se plantea el doctorado en comunicación de la Universidad de La Frontera durante los próximos años?
— Uno de los principales desafíos del doctorado es consolidar sus líneas de investigación, desarrollando especialmente el estudio de la industria de medios.
Otro desafío importante es consolidar la internacionalización del programa. Un desafío urgente es lograr incidencia real en las políticas públicas así como en el sistema productivo.
— El gobierno del Presidente Boric convocó a dos comisiones de expertos para debatir en torno al problema medial de la desinformación. Usted que fue parte del primer grupo de académicos que trabajó con el Ministerio de la Secretaría General de Gobierno, ¿nos puede explicar las conclusiones a las cuales arribó el inicial panel de comunicólogos nacionales al respecto?
— Luego de realizar las entrevistas a nivel nacional y regional y tras un análisis serio y profundo, se plantearon varias recomendaciones. Utilizando un criterio de realidad política del país, hay tres propuestas que bien podrían haber sido implementadas, pero lamentablemente no se avanzó en nada.
La primera, es el fortalecimiento de las radios comunitarias. El segundo, es regular la manera en que se entregan los recursos por publicidad estatal, para favorecer a los medios pequeños y medianos. Y la tercera, es promover medios de carácter público, lo cual no debe ser entendido como medios estatales, sino más bien de financiamiento mixto.
— Luego se creó una segunda comisión como respuesta y crítica a la primera, que elaboró otros dos informes, pero donde ninguna universidad regional tuvo presencia (a excepción de la PUCV). Ante eso, ¿afectan a la legitimidad de este tipo de propuestas una excesiva centralización y metropolización de las mismas?
— Efectivamente, la segunda comisión emerge como una respuesta, bastante ingenua, a las presiones políticas de distintos actores. De hecho, estas críticas se plantearon al día siguiente de hacerse público el trabajo de la primera comisión.
Prueba de ello es, precisamente, la marginación de universidades regionales (la UFRO y la Universidad de La Serena), que habían estado presentes antes. Un despropósito para la discusión.
— A su entender, ¿cuáles son las grandes similitudes en relación al fenómeno de la desinformación que concluyeron en su labor crítica e intelectual ambas comisiones formadas por la anterior administración estatal?
— Lamentablemente, nunca existió una articulación, una intención de contacto con el trabajo de la primera comisión. La segunda actuó como si no existiera nada antes, aunque terminó prácticamente del mismo modo que la anterior, esto es, sin seguimiento ni continuidad alguna.
Ver nota original en:https://www.cineyliteratura.cl/entrevista-carlos-del-valle-rojas-nunca-existio-una-intencion-de-contacto-con-el-trabajo-de-la-primera-comision-contra-la-desinformacion/