Comunicación indisciplinada

Dr. Rodrigo Browne

UACh

29 de Junio 2022

Desde hace un tiempo que la Comunicación anda desorbitada. Ha perdido su Norte y ese desorbitaje se ha traducido en un sinfín de muchas acciones que pueden caer y caber dentro del rótulo que, supuestamente, le da “sentido”, casi como si de un perfecto estatuto epistemológico se tratase.

Los últimos acontecimientos en y del mundo han puesto a esta comunicación en un espacio-tiempo que le ha superado, que no le da la posibilidad de obtener ciertos respiros de estabilidad, organización y calma como lo requiere y pregona la estrictez y rigidez disciplinaria y la “sordera ideológica” (Peñuela, 2007) de la academia y sus formas de construir conocimiento.

La comunicación, en esta etapa, se ha frenetizado, sin saber -ni ella misma- donde están sus límites, sus delineamientos y sus horizontes. El fenómeno históricamente humano y presencial ha sido sobrepasado por el exceso de virtualidad remota que nos está obligando a pensar para y por sí, más de lo que lo han hecho las grandes academias de occidente. Academias que han tratado de formalizar el concepto, apoderándose de él y queriendo reducirlo a una escuela, a un modelo, a un canon, a un movimiento determinado y definido por un eminente claustro de especialistas en y sobre ella.

Las crisis de la humanidad -a estas alturas de todas formas y colores- nos ha obligado -no sólo a vivir en el contexto de estas “megacrisis”, como le denominaría Gastón Soublette (2020)- sino a detenernos en esta noción que, de un día para otro, se ha ultramediatizado, tornándose en el centro de nuestras vidas. Lo que, en estos mismos apuntes, hemos llamado la “zoomización de nuestras vidas”. Tantos esfuerzos se hicieron para encerrarla en unos códigos que le den estabilidad y estatus -para aprenderla y aprehenderla mejor- que se nos escapó de las manos, sin posibilidad, hasta ahora, de hacerla parte de ese canon que pretendía controlarla, simplificarla y mimetizarla bajo el yugo de los grandes discursos de dominación.
Estas comunicaciones escoltaron -y fueron parte- de los hiperreales flujos de información, de los megaestallidos sociales, de los pandémicos confinamientos sanitarios, de las guerras glocalizadas [ruso-ucraniana, por ejemplo], de la escasez hídrica, del cambio climático, de las faltas de tolerancia para con “el otro” y hasta del tirón de orejas para un “exitoso” modelo que ha usufructuado y ha dado pie al extractivismo de los recursos naturales y de los pensamientos de la diferencia.

Mientras el conocimiento del siglo XX -de la segunda parte del siglo XX- trató de clasificarla en prototipos y pilotos que la enclaustraran en una línea, con solo una dirección, sin opciones de despiste y salidas del camino, se fue desbordando y -desde su misma praxis- irrumpieron nuevas formas de hacer comunicación, desorbitándose, alejándose de los primeros y básicos rasgos disciplinarios que le habían tratado de implantar. Al sacudir tímidamente esos incipientes pedestales erupcionó algo mayor, se escapó hacia otras cosas difíciles de capturar, con menos límites y lindes, sin fines establecidos y bajo preceptos que no lograban ni definirla, ni conquistarla, sobre todo y de acuerdo con lo que, en sus principios, se trató de instaurar como las Ciencias de la Comunicación. Lo que hemos llamado, en otro lugar, la comunicación como canon: algo así como tratar de comunicanonizar la comunicación. El juego se desplaza hacia una no-codificación, a la no legitimación de un proyecto epistemológico cualquiera, despojándose de toda maniobra de corte positivista y ortodoxa, fuera de todo código estricto y matemático-informativo.

En este viaje fueron quedando célebres nombres que, más allá de sus aportes y reconocimientos, vieron y sufrieron el movimiento telúrico que fue provocando esta metamorfosis comunicacional, dejando atrás las viejas escuelas y vibrando desde lo ilimitadamente indefinible. Vale decir, desde esa complejidad radical, hacerse parte -más que nunca- de la primera línea consonante con las nuevas tendencias de nuestras sociedades mediatizadas, posmediatizadas y -a estas alturas- ultramediatizadas.

Cuando físicamente aún estaba entre nosotros, con Víctor Silva Echeto hablamos de estos asuntos, les tratamos de echar cuerpo y llegamos a ciertas dislocadas conclusiones que nos permitieron arrimar estas comunicaciones -con menos cancha, éxtasis y sobreexposición en esos momentos- a las rupturas de todo tipo de cánones, de fallas en el origen, de disciplinas y disciplinamientos -en el amplio sentido foucaultiano de la palabra- y de los “monodisplinarismos” del sistema occidental, como nos los escribió, clara y oportunamente, el maestro Norval Baitello (2007).

El propósito es deshacerse de la idea de una comunicación-canon disciplinadamente monológica, absorbida por los tecnicismos del ultracientifismo y apocada frente a las grandes Disciplinas que disciplinan, domestican y definen el sistema-mundo de las ciencias en todo el amplio sentido del término.

En el marco del Doctorado en Comunicación que se ofrece desde la Universidad de La Frontera (Temuco) y la Universidad Austral de Chile (Valdivia) se ha planteado esta discusión y, con Carlos del Valle (2020), hemos tratado de entenderla como un campo, más que como una disciplina, subrayando que, en este campo, se da vida a un espacio de convergencia, diálogo e intercambios de las más distintas disciplinas teniendo siempre como eje de referencia la cultura y la vida cotidiana.

En este contexto, también recuperamos los trabajos de Carlos Vidales (2017: 49) al sostener que “Casi un siglo después de la emergencia del estudio formal y sistemático de la comunicación, parece que es tiempo de detenerse por un momento para evaluar lo sucedido y plantear así nuevas rutas de pensamiento para el futuro…” (Vidales, 2017: 49). Vidales invita a la comunicación, como campo académico, a considerarla bajo una concepción transdisciplinaria, deshaciéndose de la formalización histórica del conocimiento disciplinarizado que hace que se estreche y coarte de cara a este desborde que la hace olvidar -quizás- a una de sus más esquivas debilidades: la activa participación de la comunicación en la transformación de los fenómenos en el mundo social.

Merodeando por estos caminos de nuevas proyecciones, no se puede dejar de mencionar el -a su vez- provocador trabajo de Silvio Waisbord (2019) quien estira el debate hacía una comunicación post-disciplinaria, ampliando la crítica a los proyectos de la modernidad y de las ciencias como modelo único dominante y estimulando a que, en el campo de las comunicaciones, hay que bregar por la apertura, la originalidad intelectual y por el desdibujamiento perpetuo de los clásicos límites académicos, incluso re-pasando las multi, inter y transdisciplinariedades.

Abriendo todavía más estas encrucijadas, las reflexiones de Baitello Jr. (2007: 12) suelen sonar más emocionales, ya que concentra esta problemática en la necesidad de asumir la comunicación con una extrema conexión de vínculos, sin fronteras, ni barreras, sin paredes, muros, ni estancos, una comunicación sin miedo y que devora, alegremente [y antropofágicamente], “(…) las antiguas murallas de la ciencia disciplinaria, patriarcal y agonística, hecha por la guerra y para la guerra”.

Mario Rufer (2016: 85) al referirse a estas materias investigativas -como “patrimonio envenado”- sentencia la posibilidad de (in)disciplinarizarlas, aduciendo que, con este ejercicio, se rompen y cuestionan muchos tabúes disciplinarios erigidos por una mirada blanca, patriarcal y hegemónica.

Como ya lo dijimos a primeros del siglo en curso, el guiño contrahegemónico que se activa con esta propuesta es para indisciplinar a la comunicación, consintiéndola como estrategia de creación que se descuelgue de las pretensiones canonizantes que la confunden y sedan, que se des-informice -como lo desarrollamos en estos mismo apuntes- y que, desde su desorbite, resista a las fuerzas institucionales que la pretenden para la guerra y el redito económico trasnacional, pegándosele como soga al cuello en este simulacro contemporáneo de ahorcamiento.

Referencias

– Baitello Jr., Norval (2007): Prólogo: Por una ciencia de la comunicación distante de los trasnochados fantasmas del monodisciplinarismo. En Silva Echeto y Browne Sartori, Rodrigo (2007): Antropofagias. Las indisciplinas de la comunicación. Madrid: Biblioteca Nueva.

– Del Valle, Carlos y Browne, Rodrigo (2020): Doctorado en Comunicación en el sur de Chile: una experiencia de reconfiguración de la agenda en el campo, a partir de la cultura y la interculturalidad como matrices. Revista Latinoamericana de Ciencias de la Comunicación (ALAIC).

– Gorbach, Frida y Rufer, Mario (2016): (In)disciplinar la investigación. Archivo, trabajo de campo y escritura. Siglo XXI: Ciudad México.

– Peñuela, Eduardo (2007): Comunicación e Interdisciplinariedad. Polisemía y Dialogismo: la Sordera Ideológica. Diálogos culturales: interdisciplinas para la comunicación. São Paulo: Annablume.

– Silva Echeto y Browne Sartori, Rodrigo (2007): Antropofagias. Las indisciplinas de la comunicación. Madrid: Biblioteca Nueva.

– Soublette, Gastón (2020): Manifiesto. Peligros y oportunidades de la megracrisis. Ediciones UC: Santiago de Chile.

– Vidales Gonzales, Carlos (2017): De la comunicación como campo a la comunicación como concepto transdisciplinar: historia, teoría y objetos de conocimiento. Revista Comunicación y Sociedad: Universidad de Guadalajara.

– Waisbord, Silvio (2019): Communication: A Post-Discipline. Cambridge, UK, Polity Press.